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Diezmar es una de las formas en que experimento mi relación con Dios. En la que se que Dios esta caminando conmigo y esta conmigo corporalmente todo el tiempo.
— John Morton, DSS

“Entonces, el rey de Salem Melquizedec saco pan y vino. Él era el Sumo Sacerdote de Dios y bendijo a Abram. Y Abram le dio la decima parte de todo”. (Génesis 14:18-20) NIV

Cuando el profeta Abram (mas tarde llamado Abraham) iba viajando de regreso a casa con todas las riquezas obtenidas de derrotar a un rey cercano, le salió a su encuentro un Sumo Sacerdote de la Orden de Dios. Este sacerdote era Melquizedec y fue en ese tiempo cuando el sacerdocio de Melquizedec fue establecido en el planeta.

En cuanto Abraham vio a Melquizedec, la sabiduría de su corazón supo que estaba viendo a uno que esta con Dios. Abraham supo intuitivamente que el debía de dar el 10 porciento de todo lo que le pertenecía en el mundo al representante de Dios y así fue como se inicio la practica de dar el diezmo.

Cuando Abraham fue bendecido por Melquizedec y este le entrego la decima parte de todo lo que poseía, entro en vigor un convenio espiritual para nuestro tiempo, donde la humanidad entregara a Dios el 10 porciento de cualquier incremento (lo que la persona recibe y le pertenece a el o ella).

Dios, desde luego, siempre esta cumpliendo su parte del convenio. Así que la pregunta es ¿nos estamos alineando y cumpliendo nuestra parte del convenio?

La gente a veces resiste el proceso de dar su diezmo. Es interesante ver que en primer lugar no te pertenece; simplemente se lo estas regresando al verdadero dueño — Dios. Históricamente la gente tiene la tendencia de confiar en lo material para su éxito. En lugar de confiar en Dios para obtener el éxito confían en el dinero o riquezas. Por lo tanto, retienen sus diezmos para poder tener mucho mas en quien confiar.

Esto le sucedió a los hebreos, quienes en lugar de ser un placer para Dios, algunas veces se volcaban en sus propios placeres y dejaban de diezmar. No paso mucho tiempo antes de que sus cosas empezaran a salir mal y se preguntaban ¿Por qué? La respuesta siempre era que habían abandonado o renunciado a el Señor y habían roto el convenio con Dios. Entonces la gente restauraba el convenio dando su diezmo y nuevamente empezaban a florecer y cesaban las guerras.

Nuestro trabajo es sobreponernos a nuestra naturaleza inferior para poder vivir en la conciencia de nuestra alma. Cuando damos el diezmo a la iglesia de Dios estamos permitiendo al mundo material que nos libere. Así que al dar el diezmo también es parte de una ley espiritual que nos asiste para liberarnos del confinamiento material.

En Mal aquí, se nos pregunta “¿robara un hombre a Dios? Y sin embargo tu me robas a mi (...) en diezmos y ofrendas” (Malaqui 3:8 NIV). La pregunta es: ¿podemos robar a Dios? No, pero el convenio puede ser roto y eso es robar a Dios del convenio. Mas adelante en el mismo capitulo se dice: “Trae todo tus diezmos al almacén (...). pruébame en esto (...) y mira si no abro las arcas del cielo y vierto sobre ti tantas bendiciones que no tendrás suficiente espacio para ellas”. Malaqui 3:10 NIV).

En tiempos bíblicos la gente que daba su diezmo recibía un ciento por ciento más de lo que había dado. Cuando recibían ese ciento por ciento, ellos daban el 10 porciento de eso.